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Tlahuicole, el Aquiles mesoamericano

18 February, 2019/Blog

Tlahuicole de Manuel Vilar. Mediados del siglo XIX.



No hay mayor referente de valor y destreza marcial que el héroe mítico llamado Aquiles, el mismo que es mencionado por Homéro en su obra titulada Ilíada. Este famoso guerrero participó en la guerra de Troya del lado de la liga Aquea, quien finalmente se alzaría con la victoria. Sin embargo el hábil guerrero que había derrotado en combate indivual al valeroso Héctor de Troya, acabaría siendo asesinado por la flecha de Paris, la cual se impactaría en su talón, su único punto debil. Su muerte en batalla lo transformaría en una leyenda, en el guerrero perfecto, el ejemplo a emular, el señor de la guerra. En las tierras que actualmente conforman México, especificamente en el valle Puebla-Tlaxcala del siglo XVI, vivió un guerrero otomí que se volvió leyenda por sus hazañas en el campo de batalla, por su comportamiento durante su cautiverio y por la forma en que murió.

Su nombre fue Tlahuicole, palabra que en náhuatl significa “el de la divisa de barro”. Al parecer el famoso guerrero usaba sobre su pecho una asa de una vasija hecha de barro cocido, elemento que reiteraría el significado de su nombre. Nació en 1497 en el actual estado de Tlaxcala, en la periferia de las cuatro cabeceras que gobernaban esas tierras. Cabe mencionar que los tlaxcaltecas permitieron el asentamiento de los fieros grupos otomíes en sus tierras para tenerlos como aliados en las interminables guerras que libraban contra los nahuas de la Cuenca de México. Se comenta que Tlahuicole era tan fuerte que solamente él podía levantar y blandir su pesado macuahuitl, un “garrote con filosas lajas de obsidiana pegadas en sus costados.

Sus hazañas tienen su origen en las guerras floridas, xochiyaoyotl en náhuatl, combates pactados entre los señoríos de la Triple Alianza (Tenochtitlán, Tezcuco y Tlacopan) ubicados en la Cuenca de México, y los señoríos de Tlaxcallan, Huexotzinco y Atlixco, los cuales estaban asentados en el valle de Puebla-Tlaxcala. Las guerras floridas tenían el objetivo de capturar prisioneros para ser ofrendas humanas, las cuales serían sacrificadas en honor de los dioses. Otro propósito de realizarlas era mantener en óptimas condiciones a los guerreros de ambos bandos, entrenando en estas luchas “rituales” donde podrían obtener promociones y recompensas. Para 1515, estas guerras floridas se habían vuelto una guerra total, entre los mexicas y los tlaxcaltecas, los primeros tratando de mermar los recursos, los hombres y los territorios de los primeros para que un día, finalmente, los pudieran derrotar e incorporar a su régimen tributario.

En el mismo año Huexotzinco se alió con los mexicas de Tenochtitlán, debido a que los tlaxcaltecas incursionaron en sus territorios robando gran parte de sus cultivos durante un periodo de hambruna. Por esa razón la Triple Alianza se proclamó protector de Huexotzinco, elevando la intensidad de las guerras, que de floridas ya no tenían nada. En un esfuerzo en conjunto los mexicas y los huexotzincas atacaron a los ejércitos tlaxcaltecas que se dirigían a Huexotzinco a continuar con el saqueo y el robo de cultivos. En los ejércitos de las cuatro cabeceras de Tlaxcallan iba un guerrero otomí, bajito y fornido, un capitán que era idolatrado por sus hombres, llamado Tlahuicole. La batalla se concretó, alargándose por veinte días. Los tlaxcaltecas tomaron la ventaja debido a que constantemente recibían refuerzos, situación que obligó al Huey Tlahtoani de Tenochtitlán a pedir el apoyo de las ciudades de Tezcuco y Tlacopan, miembros de la Triple Alianza. Al incorporarse estos contigentes a la batalla los mexicas prevalecen, haciendo retroceder a los tlaxcaltecas y capturando al capitán Tlahuicole y a muchos guerreros de importancia.

 

Reconstrucción ideal de una ceremonia prehispánica por Maximilien de Waldeck. En el centro de esta obra se puede apreciar el sacrificio gladiatorio.



  El cronista tlaxcalteca Diego Muñoz Camargo comenta que los huexotzincas lograron capturar a Tlahuicole debido a que se había atascado hasta la cintura en un pantano, en un lodazal. Después de haberlo cansado con ataques constantes, “lo encerraron en una jaula de madera” para llevárselo al gobernante de Tenochtitlán: Motecuhzoma.

El gobernante recibió con honores  al importante capitán otomí, para después cubrirlo con regalos, incluso llegando a ofrecerle su libertad, sin embargo Tlahuicole se negó a regresar a su casa después de haber sido capturado. Sería una grave deshonra ya que su destino era el de morir sacrificado en honor de los dioses. Motecuhzoma, que en aquellos años preparaban una expedición militar contra los purépechas, le ofrece una capitanía, propuesta que acepta el otomí.  Luego de librar importantes batallas, los ejércitos mexicas regresaron a Tenochtitlán, no sin antes haber sumado importantes victorias para su señorío. En estos enfrentamientos destacó Tlahuicole, quien arrebató al enemigo un sinnúmero de insignias y estandartes, algunos con piezas de cobre y bronce. Motecuhzoma sorprendido le vuelve a ofrecer su libertad, la  cual no acepta el otomí. En respuesta se ofrece para morir en el sacrificio de rayamiento o gladiatorio durante la veintena dedicada a Xipe Totéc “Nuestro Señor el Desollado”, llamada Tlacaxipehualiztli. Este tipo de sacrificio mexica consistía en que al guerrero capturado era amarrado por el tobillo o cintura con una cuerda a una inmensa piedra cilíndrica llamada temalacatl sobre la cual pelearía, en combates individuales, con lo más granado del ejército mexica. Su primer oponente sería un guerrero águila. Si lo lograba vencer enfrentaría un guerrero ocelote, después otro águila. En caso de seguir vivo enfrentaría a otro guerrero ocelote y finalmente, en el caso de prevalecer, a un guerrero zurdo de un importante rango. El guerrero atado llevaría un macuahuitl, una especie de garrote, desprovisto de las filosas lajas de obsidianas que lo volvía mortal. Sus oponentes sí llevarían sus macuahuitl con las incrustaciones del filoso vidrio volcánico.

Motecuhzoma aceptó la petición de Tlahuicole, agasajándolo durante ocho días con banquetes y danzas en su honor. Diego Muñoz Camargo, importante historiador tlaxcalteca del siglo XVI, comenta que incluso la corte mexica permitió que la esposa de Tlahuicole lo visitara y viviera con él algunos días. El mismo crónista comenta que en uno de los banquetes le sirvieron al guerrero otomí en un platillo los genitales de esposa sacrificada para que los consumiera. ¿Acaso los mexicas decidieron sacrificarla o se trataba de un ritual de origen otomí? Esta terrible práctica es poco mencionada en fuentes del siglo XVI, sin embargo el renombrado historiador Michel Graulich también la comenta.

 

Sacrificio gladiatorio en la veintena llamada Tlacaxipehualiztli.

 

El tan esperado día del sacrificio del gran capitán otomí llegó, por lo que Tlahuicole gustoso se preparó para combatir sobre el temalacatl hasta la muerte. El guerrero otomí se defendió y atacó con gallardía,  matando a ocho guerreros de alta jerarquía mexica. También derrotó e hirió seriamente a más de veinte adversarios hasta que finalmente, el cansancio y la perdida de sangre a través de las heridas recibidas cobraron su factura. El fornido guerrero fue derrotado y posteriormente sacrificado extrayéndole el corazón.

Escultura de Tlahuicole decorando una glorieta de la carretera federal Puebla-Tlaxcala.

 

A pesar de su muerte, Tlahuicole siguió siendo recordado por su valentía, arrojo y  altísimos valores marciales, con los cuales fue congruente incluso a costa de su propia vida. Su historia fue utilizada en los centros de enseñanza mexica y tlaxcalteca con el fin de que los jóvenes guerreros emularan su valor y perdieran el miedo hacia la muerte. Aún en el siglo XIX fue fuente de inspiración para varios artistas, por ejemplo el catalán Manuel Vilar, quien en 1852 realizó una escultura del guerrero otomí. En ella lo retrata fornido con musculatura exagerada emulando los patrones estéticos del arte clásico. También amarrado a un tronco y en posición de combate, haciendo alusión al combate en el cual encontraría la muerte. De esta hermosa escultura se realizaron varias copias en bronce, siendo una de ellas colocada en una glorieta ubicada a la entrada de Tlaxcala en la carretera federal Puebla-Tlaxcala. Otro artista inspirado por sus hazañas militares fue el importante muralista tlaxcalteca Desiderio Xochitiotzin quien lo inmortalizó en los murales que realizó dentro del Palacio de Gobierno del estado de Tlaxcala. Sin duda las hazañas que este guerrero realizó en vida lo inmortalizaron, a pesar de haber encontrado la muerte hace más de 500 años atrás.  

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