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Crónica de la fundación de Mexihco-Tenochtitlán

El nopal y la serpiente

4 marzo, 2019/blog
Aztecas

Conjunto escultorico de la fundación de Tenochtitlán por Carlos Marquina.

 

El 13 de abril del año 1325, a las 10:54 de la mañana se llevó a cabo un eclipse total de sol de una duración de 4 minutos y 6 segundos. Esto de acuerdo a las investigaciones del investigador Jesús Galindo Trejo. Ese día el pueblo mexica lo definió como la fecha oficial de la fundación de su incipiente y precaria ciudad sobre unos islotes perdidos entre los pantanos del lago de Tezcuco: Tenochtitlán. Los mexicas fueron un grupo nahua que originalmente llevaba el nombre de aztecas por ser oriundos de una ciudad llamada Aztlán, “El lugar de la blancura o de las garzas” ubicado en algún lugar al noroeste de la cuenca de México. A pesar de los esfuerzos de los arqueólogos por encontrarlo, no han encontrado evidencia contundente sobre su ubicación ya que en realidad se trata de una ciudad mítica ubicada en una isla en medio de un lago, recreando el ambiente lacustre de Tenochtitlán. En el año uno pedernal o 1065 d.C., de acuerdo a los Anales de Tlatelolco, partió el grupo azteca en peregrinación siendo guiados por la voz del dios portentoso Tetzauhteotl.

Después de un tiempo llegaron a Chicomoztóc, “el lugar de las siete cuevas”, lugar de donde empezaron su travesía las siete tribus nahuas: tlaxcaltecas, tepanecas, xochimilcas, tlahuicas, mexicas, chalcas y acolhuas. Los aztecas siempre estuvieron guiados por los teomama, los sacerdotes que cargaban las reliquias del dios, las cuales en un inicio fueron Tetzauhteotl y posteriormente serían de la deidad patronal de los mexicas: Huitzilopochtli, “el colibrí del sur o zurdo”. A través de los bultos sagrados que contenían las reliquias sagradas, los sacerdotes recibían indicaciones de Huitzilopochtli, entre las cuales destaca la señal que indicaría el lugar donde fundarían su ciudad, el origen del águila parada sobre un nopal que nace de un pedregal en medio de un lago. Es muy posible que en inicio Huitzilopochtli fuera un de sacerdote o caudillo que dirigía al grupo, y que al morir fuera divinizado y transformado en la deidad patronal del grupo. Con el pasar del tiempo, los aztecas, los oriundos de Aztlán, cambiaron su nombre a mexicas, palabra que fue usada para designar a los seguidores del dios Mexih o Mexihtli. Se trata de otro nombre usado para dirigirse a Huitzilopochtli.

Por muchos años, los aztecas siguieron su peregrinar, atravesando lugares como Tula, Atotonilco, Apazco, Tequixquiac, Zumpango, Xaltocan, Ehecatépec, Tultpetlac, Tepcpayocan, Tepeyac, Pantitlán, Tenayuca, Azcapotzalco, Popotla, Acolnáhuac, hasta que finalmente alrededor del año 1280 d.C. llegaron al cerro del chapulín, Chapultepec, ubicado en la cuenca de México. En aquellos años, la cuenca de México estaba dominada por los tepanecas de Azcapotzalco, dirigidos por Tezozómoc el grande, quien poco a poco había minado la influencia y poder de los culhuas, los últimos herederos de la cultura tolteca.

En Chapultepec los mexicas tuvieron que defenderse de una confederación de pueblos enemigos dirigidos por Copil, hijo de una hermana de Huitzilopochtli llamada Malinalxochitl, quien durante la peregrinación fue abandonada a su suerte por el grupo principal en Coatepec, ya que era sumamente temida por ser una gran hechicera. Incluso las fuentes dicen que se podía retirar las piernas para volar por los aires. Esta hermana incómoda fundo años después Malinalco. Años después Copil atacó a los mexicas en venganza y a pesar que logró expulsarlos de Chapultepec perdió la vida en la batalla. Un sacerdote mexica le extrajo el corazón y lo arrojó al lago. Este hecho será significativo en el futuro.

Tenochtitlán

La llegada de los mexicas a Chapultepec. Tira de la peregrinación

Años después sufrieron otra derrota ahora a manos de los culhuas. Fue tan dura que incluso el primer tlahtoani de los mexicas, Huehue Huitzilihuitl, fue capturado y sacrificado junto con su hija Chimalaxoch en la ciudad de Culhuacan. Como consecuencia de esta derrota, al grupo errante se le destino a la región pedregosa de Tizapán, donde actualmente se encuentra el pedregal de San Ángel. También se les impuso un fuerte tributo y fueron usados como mercenarios durante la guerra culhua-xochimilca, en la cual demostraron ser grandes guerreros. Los culhuas pensaron que los mexicas no sobrevivirían por mucho tiempo en los pedregales de Tizapán debido a la ausencia de tierras cultivables y la gran cantidad de alimañas ponzoñosas que vivían entre el tezontle volcánico. Para su sorpresa, los mexicas demostraron una gran capacidad de adaptación y empezaron a subsistir de comer serpientes, arañas, cienpiés, así como del comercio que entablaron con otros poblados.

Con el tiempo empezaron a ser respetados por los culhuas, incluso se forjaron alianzas matrimoniales entre los dos grupos, sin embargo el mayor legado que los mexicas obtuvieron de sus opresores fue el conocimiento tolteca con el que se fueron familiarizando, la Toltecayotl. Recordemos que siglos antes, Culhuacan formó parte de una primera Triple Alianza en conjunto con Tollan-Xicocotitlán (Tula, Hidalgo) y Otompan (Otumba, Estado de México). Por esa razón fueron los herederos de todo el conocimiento de la desaparecida cultura tolteca.

Sin embargo, esta situación no podía durar ya que el caprichoso Huitzilopochtli se manifestó nuevamente en el año 1323, comunicándose con los teomama y exigiéndoles que solicitaran al Tlahtoani de Culhuacan, Achitometl, su hija para que representara durante una festividad mexica a Yaocihuatl, “la mujer guerrera”. Incluso se le invitó a asistir a la ceremonia, a lo cual el gobernante culhua aceptó gustoso. Fray Diego de Durán narra el episodio en su obra La historia de las Indias de Nueva España e Islas de la Tierra de la siguiente forma:

“El rey aceptó el convite y juntando a todos los señores de su reino, encomendándoles que para la celebración de aquella fiesta, donde su hija había de quedar por diosa de los mexicas y esposa de yerno, el dios Huitzilopochtli, que llevasen muchas ofrendas y presentes. El rey, teniéndolo por bien, se levantó y fuese al templo que les tenían edificado, y entrando en la pieza donde estaba el ídolo, empezó a hacer grandes ceremonias y a cortar las cabezas de las codornices y a ofrecer sacrificio y ofrecer copal y de todo lo que para efecto llevaba. Y por estar la pieza algo oscura, no veía a quien ni delante de quién hacia aquel sacrificio. Y aclarándose la pieza con el fuego, vido al que estaba junto al ídolo sentado, vestido con el cuero de su hija. Una cosa tan fea y horrenda que cobrando grandísimo espanto y temor, soltó el incensario que en las mano tenía, salió dando grandes voces y diciendo: “¡Aquí mis vasallos, los de Colhuacán! ¡Venid a socorrer una maldad tan grande como estos mexicanos han cometido! ¡Que sabed que han muerto a mi hoja y la han desollado y vestido el cuero a un mancebo, y me lo han hecho adorar! ¡Mueran y sean destruidos, hombres tan malos y de tan malas costumbres y mañas! ¡No quede resto ni memoria de ellos: demos, vasallos míos fin y cabo de ellos!”

Los guerreros de Culhuacán expulsaron a los mexicas de Tizapán. Las crónicas nos comentan que corrieron a través de las aguas para escapar de las armas de Culhuacán y que se fueron retrayendo hasta Ixtapallapan y Acatzintitlán. Se metieron entre los carrizos y las yerbas acuáticas acompañados de su tristeza y preguntándose porque estaban cargados de tanta desventura. Hubo una gran mortandad de mexicas por las flechas de los enemigos que los perseguían. También muchos murieron ahogados entre las aguas de los lagos. En la huida llegaron a Mexicaltzingo, “La pequeña casa de Mexihtli”, donde después de secar sus escudos y prendas fueron nuevamente perseguidos. Cuando parecía que los mexicas vivían el peor momento de su desventura, la señal prometida por su dios patronal Huitzilopochtli se hizo visible sobre un islote en medio del lago de Tezcuco. La Crónica Mexicayotl de Alvarado Tezozómoc lo narra de la siguiente forma:

“Vieron el ahuehuete, el sauce blanco que se alza allí, y la caña y el junco blanco y la rana y el pez blancos y la culebra blanca del agua”. En medio de dicha flora y fauna encontraron un majestuoso nopal que había nacido del corazón del hijo derrotado y sacrificado de Malinalxochitl durante la batalla que se dio al pie de Chapultepec muchos años atrás.

 

La fundación de Tenochtitlán plasmada en el Códice Mendocino.

La fundación de Tenochtitlán plasmada en el Códice Mendocino.

 

Así es como del corazón del hijo de Malinalxochitl nació un nopal coronado por una gran cantidad de tunas que en la cosmovisión mexica representaban corazones humanos. En la cima, se posó un águila, el ave que volaba más cerca del sol y por lo tanto representante de Huitzilopochtli. Finalmente, en aquel islote los mexicas fundaron la ciudad de Mexihco-Tenochtitlan. La primera palabra significa “El lugar de Mexih o Mexihtli” y la segunda “En el pedregal donde abundan las tunas”. Existe otra versión del origen de la palabra México fue mencionada por Fray Bernardino de Sahagún y sustentada por Alfonso Caso. El vocablo significaría: “En el ombligo de la luna”. Cualquiera de las versiones se puede tomar como cierta, en realidad lo trascendental del hecho es la fundación de Tenochtitlán y el fin de la peregrinación mexica. Lo más probable es que nunca se llevó a cabo el portento del águila y el nopal. La realidad histórica es completamente diferente, ya que para poder asentarse en dichos islotes, los mexicas tuvieron que haber pedido permiso al señor de esas tierras, Tezozómoc de Azcapotzalco. Seguramente este tlahtoani fue quien dio su autorización con el fin de usar a los “nahuas peregrinos” como mercenarios en sus ejércitos y para exigirles el pago de tributo.

 

Enrique Ortiz García

@Cuauhtemoc_1521

 

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